MOMPOX PUEBLO ANDALUZ EN EL RIO MAGDALENA


ENRIQUE CORDOBA

ESPECIAL/EL NUEVO HERALD

Pedro de Heredia fundó a Cartagena de Indias y autorizó a su hermano Alonso para que siguiera explorando el litoral colombiano hacia el interior. Fundó a Santa Cruz de Mompox y la villa de Santiago de Tolú, que hoy son dos reconocidos destinos turísticos.
Salí rumbo a Mompox, casi cinco siglos después de aquella expedición. Primer trayecto en carretera: tres horas y media tardó el bus de la empresa Brasilia que salió de Cartagena pasó por pueblos y sabanas y me dejó en Magangué. Municipio ganadero, caluroso -tiene una temperatura media de 38 grados centígrados- y cuna de músicos. Por su ubicación a orillas del río Magdalena es un paraíso de pescadores. Las mujeres se refrescan echándose viento con abanicos sevillanos, pedazos de cartón o pañuelos y los hombres alivian el bochorno sentados en el taburete de una esquina con la camisa desabotonada.
Este puerto, que vive de leyendas, fue albergue de viajeros y vivió una prosperidad comercial en el siglo XIX, época en que no existían carreteras en Colombia y todo se movia por vía fluvial a través del río Magdalena.
Se convirtió en escala obligada de las travesías de criollos e inmigrantes europeos que ingresaban o salían por la vía de Barranquilla o Cartagena. Esa era la ruta a Bogotá con la parada final en Honda.
Frente, en el ancho río a 45 minutos en lancha de motor está La Bodega y de allí un taxi transporta al pasajero hasta Mompox. Más que una ciudad, este poblado es una isla en medio del río Magdalena, que fascina al viajero por sus casonas coloniales y los relatos de sus habitantes.
“Si quiere lo llevo a la casa donde vivió Simón Bolívar”, ofrecen los guías espontáneos. Este fue el primer lugar que acogió al Libertador a los pocos días de su arribo a la Nueva Granada cuando llegó en busca de ayuda siendo un militar desconocido.
Las edificaciones, iglesias y hoteles guardan su estampa andaluza heredada de las familias sevillanas que legaron su estilo, arquitectura y costumbres. La celebración de la Semana Santa es muy tradicional y fiel a los ritos ibéricos. El tiempo en Mompox parece haberse detenido en el siglo XVIII. El motivo ha sido el aislamiento en que quedó en la mitad de un río que presenta grandes inundaciones en invierno.
“Mompox donde se acuesta uno y amanecen dos”, dice el refrán. Su aire de intelectualidad se explica porque fue un punto en el que se asentaron muchas familias españolas que cultivaron las letras, la historia y la jurisprudencia.
La orfebrería es una actividad que nace desde los tiempos de la conquista ya que Mompox era tierra de grandes capitales. Además, fue el lugar donde se pesaba el oro y se dejaba la quinta parte del metal que se enviaba a España.
El desarrollo comercial momposino tomó fuerza por su lejanía del mar Caribe donde los piratadas asediaban a Cartagena para saquearle los tesoros. Mientras Cartagena levantaba murallas y baluartes de protección, Mompox crecía como epicentro de negocios. Para quienes disfrutan escaparse a viajes de aventura y sorpresas con final en una hamaca, Mompox le aguarda con las puertas abiertas.• 


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